El organismo tiene capacidad para recuperarse, sin embargo, es posible que se produzcan alteraciones al dormir, esto tiene una explicación clara.

El cortisol es la principal hormona del estrés, el cuerpo la produce ante situaciones de tensión para ayudarnos a afrontarlas, sin embargo, un nivel elevado durante la noche puede impedir que conciliemos el sueño con normalidad y que sea reparador. Este es uno de los factores que intervienen en la aparición y el mantenimiento de este trastorno.

Lo normal es que esa concentración se eleve por la mañana para que podamos empezar el día con energía y mantenernos activos durante la jornada. Sin embargo, debe ir descendiendo de manera gradual para dar paso a la secreción de otra hormona. La melatonina. Responsable de que nos sintamos somnolientos y durmamos plácidamente durante la noche.

Pero, cuando una persona no puede dormir por estrés sus niveles de cortisol se mantienen constantes al final del día. Es decir, no disminuyen al llegar la noche. Por lo que se encuentra en un estado de hiperalerta permanente.


¿Qué factores pueden ocasionar estrés e insomnio?


  • Sucesos vitales altamente traumáticos: son situaciones extraordinarias que escapan absolutamente de nuestro control. Como por ejemplo los desastres naturales (inundaciones, terremotos, incendios…)
  • Acontecimientos vitales mayores: ocurren con frecuencia e implican un cambio en la vida normativa de una persona. Tales como los cambios laborales, la jubilación, el matrimonio, el nacimiento de un hijo, la pérdida de un ser querido, un accidente, una enfermedad…
  • Factores vitales menores: pequeños problemas y contrariedades que ocurren en la vida cotidiana. Como por ejemplo tener demasiadas tareas que resolver, dificultades interpersonales, atascos diarios para llegar al trabajo…
  • Causas ambientales: estímulos que pueden alterar la rutina de la persona, como el ruido de la ciudad, temperaturas desagradables, la congestión del tráfico, la aglomeración de personas…
  • Personalidad: tener una personalidad perfeccionista y autoexigente puede influir. Las prisas, la alta competitividad, un nivel de estimulación muy alto y la búsqueda de la perfección constante puede alterar nuestra calma.



*Fuente: SOMNISA